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domingo, 31 de agosto de 2014

Saga Hechizada

HECHIZADA

Gemma tiene 17 años y vive en un pequeño pueblo americano llamado Lake Placid. Pasa los días en el colegio, leyendo y con su mejor amigo Peter, que está secretamente enamorado de ella. Pero la vida de Gemma cambia de repente. Una tarde, mientras está en el bosque paseando a su carlino, se encuentra con la mirada gris y hechizante de un chico, Evan James. Desde entonces, esa mirada la perseguirá incluso en sueños. La agonía de Gemma, que no puede dejar de pensar en ese joven enigmático, aumenta cuando vuelve a verlo en el colegio. Pero no está solo.
Una chica guapísima, Ginevra, rodeada también por un halo de misterio, no se separa de él. Desde que Evan y Ginevra llegan al pueblo, una serie de extraños accidentes con víctimas mortales se suceden. Y Gemma descubrirá que Evan está relacionado con ellos cuando una mañana, mientras va hacia el colegio, un camión está a punto de atropellarla y matarla. Pero Evan aparece de la nada y la salva. Tras el incidente empiezan a pasar tiempo juntos y a conocerse mejor. Evan le cuenta a Gemma una leyenda noruega que asegura que los Subterráneos son los ángeles que expulsaron del Paraíso o auténticos descendientes de aquellos niños que Eva intentó ocultar a Dios, hasta que fueron descubiertos y condenados a permanecer escondidos eternamente. Son ángeles de la muerte, los encargados de que el destino de las personas se cumpla como ha dictado la providencia. Y él es uno de ellos. Su deber era llevar a cabo la muerte de Gemma.

Próximamente....

EXTRACTO

Detroit, Michigan
17 de marzo, 1.45 de la madrugada
La sombra del destino lo esperaba camuflándose en la noche, envuelta por sus espiras, a veces protectoras, a veces amenazantes. Gélidas, como el corazón de quien dominaba la oscuridad.
Seguiría esperando, porque él llegaría.
Soplaba un viento helado del norte que anulaba los sonidos que recorrían las calles en un estertor lúgubre e inquietante. Las ráfagas se llevaban consigo el olor acre del vicio que se colaba por la ranura de las ventanas y atravesaba la espesa capa de cortinas, echadas para esconder los secretos: un paraíso perdido velado por un cóctel letal de polvo blanco y deseos concedidos.
El estruendo de un coche dejó en segundo plano el ritmo frenético que provenía del interior del edificio. El vehículo se acercó y se detuvo frente a la imponente entrada, haciendo añicos los tonos oscuros de la noche con su rojo Ferrari.
Como plata líquida, ojos de hielo brillaron en la oscuridad, afilados como la hoja de un cuchillo, como los ojos de un gato que ha divisado a su presa, seguir leyendo...

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